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¿Y porqué yogur griego?

El yogur es tan antiguo como la leche. Fue la primera solución directa para conservar la leche durante unas semanas más. Lo encontramos en la dieta de los griegos en los años de la Antigüedad como un alimento rico en nutrientes y con muchas propiedades. Rico en proteínas y probióticos para una flora intestinal saludable, bajo en grasas y azúcares y una buena fuente de calcio, el yogur es parte inseparable de una dieta saludable.

El origen de la palabra yogur es turca ya que los turcos fueron ellos que ayudaron en su esparcimiento y durante los años del Imperio Otomano funcionaban más de 500 empresas de yogur en Constantinopla (Estambul). Sin embargo, en Grecia también tuvo mucho éxito y especialmente en las zonas del Epiro y Tesalia donde había grandes empresas de yogur.

El tradicional yogur griego, antes de 1950, se producía previamente por la leche de oveja o mezcla de la leche de oveja y cabra y se conservaba en barriles de madera o recipientes de barro. El yogur griego de vaca y especialmente el “straggistó” es una evolución reciente que siguió la producción industrial del yogur.

Fue famoso por todo el mundo tanto por su calidad y su textura (menos espesa que la de oveja) como por su sabor rico y ligeramente ácido. La industrial EVGA desde el 1934 contribuyó decisivamente a la propagación del yogur vacuno y en 1975 la industrial FAGE fue la primera que lo normalizó.

Hoy en día en el mercado podemos encontrar muchas variedades de yogur como los enteros, semidesnatados o los desnatados, los naturales más cremosos y los griegos algo más espesos, de sabor natural o de frutas, vainilla etc.

Aunque la producción de yogur es algo bastante fácil de hacer en casa, poca gente se anima.

Para la gastronomía griega el yogur constituye un ingrediente súper básico. Se puede consumir en el desayuno acompañado de cereales, frutos secos, frutas frescas, miel y dulces griegos de cucharita. En el almuerzo como ingrediente de salsas, empanadas o acompañando sopas, carnes y verduras. Para una cena ligera y saludable. Y entre horas como merienda fresca y equilibrada.

Como amante del yogur y viviendo casi 4 años fuera de Grecia, he conseguido preparar un yogur bastante griego, vivo y natural, con todos sus enzimas y probióticos que debe tener un yogur griego. ¿Cómo lo conseguí? Pues mezclando 1/3 de yogur ecológico de cabra con 2/3 de yogur ecológico de oveja. El yogur de cabra es muy líquido al contrario del yogur de oveja que tiene una textura mucho más espesa y sólida. Tanto la textura como el sabor de esta mezcla es muy cercana a lo que en realidad significa “yogur griego” para una griega. Pruébalo y seguro que vas a notar la diferencia en su textura y calidad.

De todos modos, si lo que buscamos es un yogur griego normal para preparar una salsa rica como es el tzatzíki, podemos comprar lo que encontramos en los supermercados de nuestro barrio e intentar eliminar su exceso de líquido envolviéndolo en una tela de algodón para quedar de esta manera más espeso.

También, hay más usos del yogur que no sean alimenticios. Por ejemplo, su capacidad de refrescar la piel por lo que se utiliza como After Sun en casos de quemaduras del sol. Unos botes de yogur fresco aplicados directamente en la piel, la puede nutrir y refrescar de modo natural. Otros usos podrían ser mascarilla y suavizante para el pelo.

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